El running, además de ser una actividad física muy popular y beneficiosa, trasciende el aspecto deportivo y se convierte, a través de quienes lo practican, en una permanente fuente de motivación y grandes enseñanzas para la vida en general. Recientemente estuve como espectador en el Acuatlón organizado por la Unión de Triatlón de Panamá, en el marco de la celebración de los 500 años de fundación de la ciudad capital. El evento fue muy pintoresco por realizarse en Amador, con el puente de las américas de fondo y los barcos que transitan el canal también.

Los participantes luchaban en el agua contra la corriente de regreso, y los que mirábamos desde el área de transición les esperábamos para animarles en la etapa de run, aparte del full y medio acuatlón, se incluyó carrera de 10 y 21 kilómetros también, así que había acción en todo momento.

Para mi todos los que participaron son excelentes atletas, y quiero mencionar a dos en especial, el primero no necesita ninguna presentación; Simón Alvarado, una leyenda del running, que a sus 59 años veo apoyando en carreras en todo el país ya que su imagen le da relevancia a cualquier evento, en esta ocasión lo vi compartir kilómetros con buenos atletas en la ruta de media maratón, en su mayoría más jóvenes obviamente como Irving Sánchez, Fernando Revuelta y Joel Kiptanui. El buen Simón, un especialista en media maratón, después de la salida se mantuvo muy conservador, detrás de otros corredores con menos experiencia, nada extraño porque sabe manejar muy bien los ritmos y ser paciente, en una distancia en la que salir con las revoluciones muy altas se paga caro en los últimos kilómetros. El profe, con una perfecta estrategia, corrió de menos a más, remontando varios lugares y ocupando el 3r. lugar con un tiempazo de 1 hora y 33 segundos, (tiempo chip) a ritmo de 4:25 min/km. Se dice fácil, pero remontar tantos puestos, y a la vez sobrellevar la temperatura del lugar no es tan sencillo como se pensaría, solo puede estar al alcance de un corredor de mucha experiencia, que sigue enseñando con el ejemplo y la disciplina.

Geovanny Ibarra, atleta invidente, se llevó también los aplausos y la admiración de todos, junto a su guía Javier Barrios, se fajaron en una natación exigente por la corriente en contra de regreso, 1000 metros recorrieron, la verdad es que no tengo idea como es nadar sin ver, si me tiran al agua con los ojos vendados, aún con guía pienso que no sería lo suficientemente fuerte para concentrarme y nadar, mucho menos en condiciones adversas. Lo de Gio es sencillamente brillante e inspirador. Así como también un claro mensaje de voluntad ilimitada para alcanzar metas. Seguramente por mucho tiempo, disfrutaremos de las hazañas de este triatleta, que a pesar de su ceguera, tiene un don para hacernos ver fáciles los retos que en algún momentos consideraríamos poco accesibles. Y cabe mencionar que solo salir de nadar, Gio se puso las zapatillas y a correr 10.5 kilómetros, nada más y nada menos, para después llegar a meta y recibir la ovación respectiva, un crack definitivamente, que comparte méritos con su guía, responsable de mantenerse en condiciones óptimas para secundar a su atleta en todo momento.

 

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